
No son pocas las ocasiones en las que he pensado que realmente muchos de los problemas con los que me encuentro en los Despachos de Abogados, podrían, si no solucionarse, si mitigarse y, de algún modo quedar controlados si se contase, o se hubiera contado con una Cultura de Despacho que hubiera marcado con coherencia al resto de procesos, sistemas y relaciones de la Firma.-
Desgraciadamente, en la profesión, y dicho esto como una generalización, nombrar la palabra Cultura de Firma o de Marca, es equivalente a debatir sobre el sexo de los ángeles, una labor estéril y que rara vez se percibe como algo útil o productivo para la organización.
Los socios quieren la inmediatez en soluciones efectivas y rápidas, golpes de timón firmes y seguros que se hagan del gobierno de la Firma una actividad cuasi deportiva, contagiados probablemente por el signo de nuestros tiempos. Creo firmemente que este no es el camino adecuado.
La instalación de las medidas o la expectativa de resultados a corto o muy corto plazo no son adecuadas a la materia que tratamos en una Firma de Servicios Legales, se confunde la parte con el todo en cuanto a una actitud, no todo tiene la misma intensidad y ritmo, se confunde el servicio al cliente, rápido y excelente, con la labor de reflexión sobre la propia firma, sobre las voluntades últimas de los socios en el fin de su sociedad, con fines globales que superan en muchas ocasiones los intereses individuales, y que deben ser integrados para su consecución en el propio ADN del Despacho, y eso es la Cultura Corporativa, no sólo es una forma de hacer las cosas, es la forma de hacer las cosas que es coherente con los fines últimos de la Firma.
Esta cuestión implica necesariamente, reflexión, detalle y fijación o sea, dejarlo por escrito y detallado. Implica por supuesto compromiso y sometimiento.-
Este grupo de decisiones adoptadas en el núcleo de la sociedad, será el que finalmente gobierne la Firma a largo plazo. Si no existe, y nunca se ha hecho esta reflexión, la Firma no tiene Cultura alguna, confundiéndose a menudo la Cultura de la Firma, con los intereses y caracteres de sus socios, entendido estos como particulares e individuales, pero nada tiene que ver una cosa con la otra.-
La Cultura de la Firma, no es la de todos sus socios, es el carácter propio de la Compañía, que en algunas ocasiones coincidirá o no con el de sus Socios. Por ello, para adoptar una Cultura corporativa, no sólo debe hacerse el trabajo de reflexión antedicho, sino que todos los componentes de la sociedad deben someterse a ella, pero más que hablar de sometimiento, hablaríamos de convencimiento total y absoluto de esta cultura, de auténtico enamoramiento de su Cultura Corporativa.-
La Cultura de Firma así diseñada, lleva inexorablemente añadida la creación de los valores de la Firma, y una Firma con Cultura y con Valores, donde son respetados y expuestos por parte de todos los socios, es una Firma en la que con mucha probabilidad logre desarrollarse el sentimiento de Orgullo y pertenencia a un Grupo, en definitiva la Cultura marca el carácter de todo el que la integra, si no es así, no es Cultura de Firma.-
Recuerda: “Los procesos de construcción de una Cultura Corporativa son difíciles y requieren un gran esfuerzo, humildad y generosidad por parte de todos los socios. De su absoluto convencimiento y aplicación de estos, nacerá el carácter de tu Firma, que finalmente constituye el núcleo duro de cualquier sociedad.”
Cuenta con MADRIGAL para afrontar este reto en tu Firma, creo que tan sólo con proponer adquirir una Cultura Corporativa para tu Firma, tienes gran parte del trabajo hecho.



